Como siempre me descompongo cuando viajo, y vomito cada 120 kilómetros, tenia lista una bolsita, pero cuando me vinieron las ganas de vomitar mi mamá se equivocó y me dio la bolsita de los documentos. Como la tarjeta de crédito flotaba un poco, la salvamos y pudimos ir al hotel. El resto lo guardamos y estaba todo, todo, todo, hasta la agenda electrónica que tiene todos los números y lo único que se le borraron fueron las letras. También se traba un poquito, por culpa de unos pedacitos que son como de tomate. Mamá dijo "No es nada" y lloró... Yo también lloré un rato, pero nada más que para acompañarla.
(Le pregunté a mi mamá por qué la toma que me hizo se llamaba "toma buñuelo" y me contó que la inventó un señor que se llamaba Piluso y que era más bueno que un buñuelo).
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